Defensa de tesis doctoral: «Actividad bélica y violencia del episcopado gallego (siglos VIII-X)». Dr. Iván Curto Adrados

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Actividad bélica y violencia del episcopado gallego (siglos VIII-X)

Iván Curto Adrados

Universidad Complutense de Madrid, 15 de febrero de 2022

Directora: Ana Arranz Guzmán

Tribunal:

  • Presidenta: Dra. Margarita Cantera Montenegro (Universidad Complutense de Madrid)
  • Secretario: Dr. Francisco de Paula Cañas Gálvez (Universidad Complutense de Madrid)
  • Vocales: Dr. Eduardo Pardo de Guevara y Valdés (IEGPS-CSIC), Dr. César Olivera Serrano (CCHS-CSIC), Dra. Raquel Torres Jiménez (Universidad de Castilla-La Mancha)

El objetivo de esta tesis es el estudio de la actividad bélica y la violencia del episcopado gallego entre los siglos VIII y X. Desde los inicios del cristianismo, los obispos fueron los clérigos superiores de una diócesis e intervinieron en la elaboración de la doctrina. Canónicamente, en ningún caso se permitió a los eclesiásticos blandir armas materiales en los combates seculares. No obstante, tras la desintegración del Imperio romano occidental, algunos prelados adquirieron poderes y responsabilidades temporales que contemplaban el liderazgo militar y el derramamiento de sangre.
Tras la irrupción islámica en la Península, se desconocía si las funciones de los obispos se llegaron a modificar en los nuevos reinos noroccidentales. La ideología providencialista de Reconquista muestra un empeño por subsanar los errores y pecados de los godos con el fin de garantizar el favor divino en la lucha contra el enemigo invasor. Por consiguiente, condenaba la asociación episcopal con actividades que implicaran el derramamiento de sangre. No obstante, no podía asegurarse a priori que las nuevas mentalidades tuvieran reflejo en la realidad del cargo obispal, o que las circunstancias sociopolíticas de los siglos VIII-X contribuyeran a perennizar viejos vicios.
Con el propósito de aclarar dichos interrogantes, se empleó una metodología basada en el análisis crítico de las fuentes escritas y su contraste con estudios de las evidencias materiales. De esa manera, se pudo confirmar la perpetuación de las prohibiciones canónicas relativas a la participación del clero en las luchas seculares durante toda la Alta Edad Media, así como la existencia generalizada de una dicotomía entre la realidad del ejercicio episcopal y la postura doctrinal de la Iglesia. Asimismo, pudo detectarse un ocultamiento deliberado de aquellas actividades obispales contrarias a la norma, que debió ser salvado mediante el estudio pormenorizado de las figuras de los prelados.
La reconstrucción de las biografías de catorce de los mitrados de las sedes gallegas de Iria-Santiago, Lugo-Braga, Tuy, Orense y Mondoñedo-Dumio permitió definir cuáles fueron las funciones de los obispos noroccidentales entre los siglos VIII y X, y confirmar que siguieron ostentando poderes y obligaciones seculares. Se encontraron evidencias favorables a la presencia, entre mediados del siglo IX y mediados del siglo X, de, al menos, cuatro prelados distintos junto a los monarcas asturleoneses en batalla, entrando en el campo de lo probable que lo hicieran otros seis. También se ha demostrado la participación de, al menos, dos de ellos en las iniciativas aprehensoras del reinado de Alfonso III. Otros dos obispos acaudillaron las defensas de sus sedes durante la invasión vikinga del año 968, hallando uno de ellos la muerte en batalla.
Hasta cuatro prelados distintos pudieron colaborar en la conformación de la red defensiva del Locus Sancti Iacobi entre finales del siglo IX y el último tercio del siglo X, uno de los cuales potenció de manera temprana –con más de un siglo de antelación a las primeras apariciones de un Santiago miles– la asociación del patronato jacobeo con las victorias de los monarcas asturianos sobre sus enemigos.
Durante el siglo IX se identificaron varios ataques de los magnates laicos contra las propiedades obispales gallegas, así como el caso de un obispo de ascendencia beréber sometido a violencias judiciales. En los dos primeros tercios del siglo X empiezan a aparecer ejemplos de agresiones practicadas por prelados contra cenobios y otros mitrados. También se constatan obispos participando en los enfrentamientos magnaticios y dinásticos, ejerciendo violencias sobre dependientes y pequeños propietarios, beneficiándose del clima de creciente inseguridad, o siendo castigados por los monarcas. Igualmente, se verifica un caso episcopal de padecimiento a manos cordobesas tras ser capturado en batalla, y tres muertes de prelados por causas no naturales.
En cuanto al involucramiento en el uso de la fuerza, puede asegurarse que ningún obispo estuvo obligado a tomar las armas. Posiblemente la delegación en las figuras prelaticias de responsabilidades de tipo administrativo sobre los commissa y los comitatus les impeliera a aportar tropas a las huestes del reino, sin embargo, no hay constancia de preceptos legales que les exigiesen liderar personalmente a esos hombres. Los factores clave en la comparecencia de obispos junto al monarca en los campos de batalla parecen haber sido su adherencia cortesana y la voluntad de persecución de intereses políticos o económicos.

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